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La mayorĆa de los estados tienen leyes que requieren que los electores voten por el candidato al que se comprometieron (en casi todos los casos, el ganador del voto popular de su estado), limitando la posibilidad de āelectores infielesā. (Hubo varios en 2016, pero no cambiaron el resultado final). La Corte Suprema confirmó unĆ”nimemente esas leyes este verano en Chiafalo v. Washington. AsĆ que es una fuente de incertidumbre menos.
Una complicación posible āpero, de nuevo, sumamente improbableā serĆa que una legislatura estatal lograra nombrar una lista favorable a Trump y defenderla contra las impugnaciones legales, mientras el gobernador certifica una lista electoral favorable a Biden mediante el proceso normal, produciendo dos conjuntos de electores en competencia.
En ese caso, corresponderĆa al Congreso decidir cuĆ”les son los votantes que se contarĆ”n.
Pero āno creo que nada de esto sea probableā, dijo Paul Smith, vicepresidente de litigios y estrategia del Campaign Legal Center, un grupo no partidista sobre el derecho al voto. āEn ausencia de alguna justificación realmente clara, como alguna disfunción masiva, es bastante difĆcil que una legislatura diga āacabamos de decidir que ya no nos gusta la democraciaāā.
El 6 de enero, el Congreso contarĆ” y certificarĆ” los votos electorales.
En cualquier aƱo remotamente normal, las certificaciones estatales āpara el 8 de diciembre o, a mĆ”s tardar, el 14 de diciembreā serĆan el fin de las disputas, y despuĆ©s de eso todo serĆan formalidades. Lo mĆ”s probable es que eso tambiĆ©n suceda este aƱo.
Pero en el improbable caso de que las legislaturas estatales y los gobernadores nombraran electores en competencia, el Congreso tendrĆa que elegir.
Algo asĆ sucedió en 1960: el gobernador de HawĆ”i certificó una victoria de 141 votos para Richard Nixon, pero un recuento le dio la vuelta al estado y ganó John F. Kennedy, y los resultados no fueron definitivos cuando se reunió el Colegio Electoral. HabĆa poco en juego: los votos electorales de Hawai no influyeron en el resultado de las elecciones, que ganó Kennedy, pero el Congreso tuvo que resolver la disputa. El propio Nixon, presidiendo el Senado como vicepresidente en funciones, pidió el consentimiento unĆ”nime para contar los votos a favor de Kennedy.
Michael Novakhov – SharedNewsLinksā
