Sólo se oĆa el rumor del Waingunga y la brisa del anochecer entre los Ć”rboles. De pronto, se escuchó un aullido: Ā”Dhole! Se oyó ruido de pasos y un lobo, herido y jadeante, se lanzó en mitad del cĆrculo. -Ā”Buena suerte! ĀæQuiĆ©n es tu jefe?- interrogó Fao. -Ā”Buena suerte! -murmuró el reciĆ©n llegado-. Soy Won-tolla.
